
El siglo XIX fue un período de transformaciones profundas en Granada, reflejo de los tumultuosos cambios que atravesaban toda España. Esta época, marcada por convulsiones políticas, avances económicos y significativos cambios sociales, vio cómo Granada se adaptaba y respondía a las corrientes de la modernidad.
Durante este siglo, la ciudad fue testigo del vaivén entre el absolutismo y el liberalismo, guerras civiles y cambios dinásticos. Granada era un lugar de contrastes; por un lado, la influencia de las ideas ilustradas y liberales comenzaba a abrir el debate sobre educación, derechos y estructura social. Por otro lado, el conservadurismo social y religioso seguía siendo muy fuerte, especialmente en las zonas rurales. Las calles de Granada eran a menudo escenario de manifestaciones y enfrentamientos, reflejando la lucha constante entre distintas facciones.
La vida en Granada estaba marcada por una fuerte división de clases. Por un lado, una aristocracia terrateniente y una burguesía en ascenso; por otro, clases trabajadoras y campesinas enfrentaban penurias y dificultades.
En la vida cotidiana, la religiosidad era un aspecto central. Las prácticas religiosas eran parte integral de la vida de los granadinos, manifestándose en celebraciones litúrgicas, festividades y procesiones. La Iglesia no solo desempeñaba un papel espiritual, sino que también influía en la vida educativa y social, siendo una importante propietaria de tierras y riquezas, lo que le confería considerable influencia.
La economía granadina seguía estando fuertemente influenciada por la agricultura, con el cultivo del olivo y la vid y la producción de aceite y vino como pilares fundamentales. La llegada del ferrocarril a finales de siglo impulsó el comercio y abrió nuevos mercados para los productos granadinos, marcando el comienzo de una integración más profunda en la economía nacional y europea.

